jueves, 5 de julio de 2012
Las mañanas en su cama son para soñar
La mesa coronaba el centro de la terraza, vestida de traslúcido lino y bordados sostenía panes, brioches, higos, confituras y yogures, quesos, natas, cremas y magdalenas.
El terrible hormigón y el impermeabilizado se ocultaban tras la dulce luz de unas guirnaldas de papel, había un ponche de Rafa con perlitas de tapioca y Licheé, además se respiraba el Ávila en pleno sol de media mañana, ese delicioso calor con fresco.
Fran me recibe y me lleva a una esquina donde Oscar Américo espera con un parapente.
Comienza el vuelo del bichito
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